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INIDEN - Instituto Endocrinología y Nutrición de Bahía Blanca

Nódulo Tiroideo PDF Imprimir E-Mail
Preguntas más frecuentes

¿Qué es?
Un nódulo tiroideo es un crecimiento focal que tiene lugar en la glándula tiroides, la cual se encuentra localizada en la región anterior del cuello. El tiroides está constituido por células, llamadas tireocitos, que se agrupan formando folículos que contienen en su interior material coloide. Las células foliculares captan yodo de la circulación para sintetizar hormonas tiroideas (T4 y T3) que devuelven a la sangre para que sean distribuidas por todo el organismo, donde regulan las actividades metabólicas. La función del tiroides se encuentra modulada por la secreción de TSH (una hormona) de la hipófisis, cuyos efectos aumentan el tamaño y la actividad de la glándula. Los nódulos tiroideos pueden presentar un contenido líquido, en cuyo caso se denominan quistes; estar formados por tejido predominantemente celular, o mostrar una estructura mixta sólida y quística. Independientemente de su estructura, los nódulos tiroideos pueden clasificarse de acuerdo a su naturaleza benigna o maligna. También pueden dividirse según la captación que muestren en la gammagrafía en calientes (hipercaptantes), templados (normocaptantes) y fríos o hipocaptantes. Los nódulos pueden ser únicos o, con más frecuencia, múltiples, conformando un bocio multinodular.

¿Cuáles son sus causas?
En la mayoría de casos, la causa de la aparición de nódulos tiroideos no es bien conocida. Cuando se produce una hemorragia focal es frecuente que dé lugar a una formación nodular. Otras veces se deben a una producción excesiva de material coloide. La inflamación circunscrita de un área del tiroides (tiroiditis) puede adquirir morfología nodular. En ocasiones la proliferación celular se acompaña de una producción hormonal exagerada, lo que se conoce con el nombre de nódulo tóxico. En escasas ocasiones (inferior al 10 por ciento) el crecimiento del nódulo se relaciona con una proliferación celular de carácter maligno, es decir, representa una de las formas de presentación del cáncer de tiroides. La hipofunción tiroidea induce elevación de la cifra de TSH que estimula el crecimiento y la función del tiroides en un intento de que recupere la función normal. Este efecto puede aumentar el tamaño del tiroides y dar lugar a la aparición de bocio, fenómeno que habitualmente tiene lugar de forma difusa, pero en ocasiones se producen nódulos. Existe un componente hereditario en el desarrollo de algunos tipos de bocio.

¿Cuáles son sus síntomas?
En la gran mayoría de casos, los nódulos tiroideos no producen síntoma alguno, salvo la posible evidencia de un abultamiento localizado en la región anterior del cuello que no siempre es visible. Cuando su crecimiento es importante, pueden producir efectos compresivos sobre estructuras vecinas, como la tráquea, el esófago o los nervios recurrentes, produciendo dificultad respiratoria, alteraciones de la deglución o afonía. Si son nódulos hiperfuncionantes, pueden dar lugar a hipertiroidismo, en cuyo caso pueden cursar con palpitaciones, nerviosismo, temblor y pérdida de peso. El crecimiento rápido, la consistencia dura y la aparición de ganglios son signos de sospecha de malignidad. Estos datos enfatizan la necesidad de realizar una adecuada aproximación diagnóstica y un plan de seguimiento evolutivo posterior. En los casos excepcionales en los que el nódulo se debe a un carcinoma medular de tiroides, puede ocasionar diarreas.

¿Cómo se diagnostican?
La inspección y la palpación que lleva a cabo el médico es el principal método para identificar la presencia de uno o varios nódulos tiroideos. No obstante, es conveniente matizar las características de los nódulos. Para ello es útil la realización de ecografía que, siendo un procedimiento incruento, permite esclarecer si los nódulos son sólidos, mixtos o quísticos, conocer si hay otros nódulos no palpables y determinar la relación con las estructuras vecinas y la presencia de ganglios. La gammagrafía tiroidea, que se obtiene tras la administración de isótopos por vía oral (yodo) o intravenosa (tecnecio), aporta datos acerca de la función del nódulo (caliente, templado o frío). La probabilidad de malignidad es menor en nódulos calientes. No obstante, la gran mayoría de nódulos tiroideos, aun siendo benignos, son fríos, lo que resta a la gammagrafía valor predictivo de la naturaleza del nódulo. La gammagrafía se encuentra contraindicada en el embarazo. La exploración que aproxima con mayor precisión a la naturaleza estructural del nódulo es la punción-aspiración que se lleva a cabo con aguja fina. La extensión de las células obtenidas permite clasificar a la citología del nódulo como benigna, maligna, indeterminada o insuficiente. La precisión se sitúa en torno a 95 por ciento, si bien no se alcanza esta cifra cuando los resultados son indeterminados (duda de adenoma o carcinoma folicular).

¿Cuál es el tratamiento?
Cuando el nódulo es de pequeño tamaño, no cursa con alteraciones en la función y carece de características sospechosas, puede mantenerse una actitud terapéutica expectante, realizando revisiones periódicas con controles clínicos y ecográficos. Si el nódulo muestra crecimiento significativo reciente, produce síntomas compresivos derivados de su tamaño o existen resultados citológicos sospechosos, debe plantearse el tratamiento quirúrgico, en cuyo caso la mínima intervención es la lobectomía. Si el estudio histológico realizado sobre la pieza quirúrgica demuestra un diagnóstico de malignidad, deberá llevarse a cabo la reintervención para completar la tiroidectomía total. En caso de que la punción-aspiración demuestre citología maligna se practica tiroidectomía total. Cuando existe hipertiroidismo es preceptivo compensar previamente la función mediante administración de fármacos antitiroideos para proceder, una vez se hayan normalizado los niveles hormonales, al tratamiento definitivo con yodo radioactivo o cirugía. El tratamiento de los nódulos tiroideos normofuncionantes con tiroxina se encuentra en revisión dado que no está claro que sea eficaz en reducir el tamaño o evitar su progresión.

¿Cuál es el pronóstico?
Es variable, si bien la mayoría de nódulos o bocios multinodulares de largo tiempo de evolución suelen mantener un comportamiento estable. Dada la importancia de obtener datos evolutivos, es necesario realizar revisiones periódicas que permitan identificar con precocidad alteraciones en el tamaño, características generales o en la función que obliguen a variar la pauta de tratamiento. El pronóstico de los nódulos malignos tras la cirugía y el tratamiento con yodo radioactivo depende del tipo de carcinoma, tamaño del nódulo, amplitud de la resección y extensión metastásica.

 

Nota: Este documento tiene como único objetivo educar a la población. Su propósito no es, ni debería interpretarse como si lo fuera, ofrecer sugerencias médicas o instrucciones de ningún tipo. Se recomienda que todas las personas que vean esta información consulten a sus propios médicos para todos los asuntos que tengan que ver con su salud y atención médica.